
¿Qué echaremos hoy en este caldero Alquimistas?
Hay cosas que irán, otras que no; distinguiremos elementos, clasificaremos componentes y discriminaremos según creamos conveniente.
Dividiremos el caldero en dos, en tres, en miles de veces... que a nuestro entender no tendrán coherencia aunque cada una de las partes sean parte de lo mismo. De cualquier manera lo que cocinaremos hoy Alquimista no pretende causar daño alguno a nadie.
Lo malo de distinguir, clasificar y discriminar, es que cuando esto sale más allá de algún caldero y se vuelca a la sociedad, entonces las distinciones, las clasificaciones y las discriminaciones dejan de ser una simple forma de ordenar y construir para convertirse en una fórmula destructiva que alienta las desigualdades, la altanería y la arrogancia de unos que se creen superiores, sobre otros que bajo su yugo son minimizados, vilipendiados y humillados.
Echaremos al caldero biblias, talmud y coran, mientras que un negro tizón y un rojo comunista alimentan los fuegos del odio. Oiremos algunos clamores con las orejas de un indio chinudo y fiero, oiremos la noche; oiremos los sordos silencios del patrón haciéndose el disimulado, escondiendo la mano después de haber arrojado la piedra.
Y así, del frasco donde guardamos las mentiras, metidas en formol para que no se pudran, sacaremos una anteojera que a la luz del caldero hirviente, dejará ver ranchadas de madera, adobo y chapa... allá donde todos esquivan la mirada.
Una mujer en la cocina y en la cama, un abuelo en su bastón, un enfermo sin remedio, un presidiario con su cruz de rejas, estorbarán la cocción... y usted Alquimista, usted, con su conciencia vaga y confusa, pondrá la conciencia que falta en este menjunje donde se cuajan las miserias humanas.-
Hay cosas que irán, otras que no; distinguiremos elementos, clasificaremos componentes y discriminaremos según creamos conveniente.
Dividiremos el caldero en dos, en tres, en miles de veces... que a nuestro entender no tendrán coherencia aunque cada una de las partes sean parte de lo mismo. De cualquier manera lo que cocinaremos hoy Alquimista no pretende causar daño alguno a nadie.
Lo malo de distinguir, clasificar y discriminar, es que cuando esto sale más allá de algún caldero y se vuelca a la sociedad, entonces las distinciones, las clasificaciones y las discriminaciones dejan de ser una simple forma de ordenar y construir para convertirse en una fórmula destructiva que alienta las desigualdades, la altanería y la arrogancia de unos que se creen superiores, sobre otros que bajo su yugo son minimizados, vilipendiados y humillados.
Echaremos al caldero biblias, talmud y coran, mientras que un negro tizón y un rojo comunista alimentan los fuegos del odio. Oiremos algunos clamores con las orejas de un indio chinudo y fiero, oiremos la noche; oiremos los sordos silencios del patrón haciéndose el disimulado, escondiendo la mano después de haber arrojado la piedra.
Y así, del frasco donde guardamos las mentiras, metidas en formol para que no se pudran, sacaremos una anteojera que a la luz del caldero hirviente, dejará ver ranchadas de madera, adobo y chapa... allá donde todos esquivan la mirada.
Una mujer en la cocina y en la cama, un abuelo en su bastón, un enfermo sin remedio, un presidiario con su cruz de rejas, estorbarán la cocción... y usted Alquimista, usted, con su conciencia vaga y confusa, pondrá la conciencia que falta en este menjunje donde se cuajan las miserias humanas.-

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