15.6.08

La Retirada

Llegó el domingo Alquimista. Domingo que podría ser un día más en la semana, un domingo más entre tantos domingos del año. Un domingo cualquiera donde empujamos el caldero hasta este laboratorio de Alquimistas. Un domingo donde experimentamos con palabras, música, sonidos, cultura...
Pero no es así, Alquimista. En esta noche de domingo caben todos los domingos de la historia. En esta Noche de Alquimias, caben todas las noches del mundo. Esta noche estaremos despidiéndonos; diciendo hasta siempre!!!


¿Por qué pesan tanto las despedidas Alquimista? Aún sabiendo que hemos de regresar en cualquier momento... ¿Por qué pesan tanto?
Tal vez porque las despedidas implican la separación de algo o alguien por algún tiempo, de algo o de alguien con quien entablamos afectos.

Las despedidas significan no vernos hasta un posible reencuentro, significa crear fantasmas en las noches, ausencias, extrañezas, incertidumbre de no saber del regreso, la posibilidad aunque sea remota, de que no llegue nunca el reencuentro.

La despedida implica que se abran brechas; distancias que pueden ser infinitas, tiempos que pueden ser eternos. Pero todas esas cosas que nos pasan y nos pesan, significan también que una ALQUIMIA tuvo sus efectos, que una extraña química de conjuros y pócimas crearon lazos entrañables entre personas o entre las personas y las cosas. Entonces nos preguntamos ¿por qué tenemos que irnos cuando el corazón tira para quedarse? ¿por qué las personas se apartan de lo que han creado, de lo que aprendieron a amar?

Mientras los lazos del alma nos atan, las razones terrenales nos obligan a tomar distancia.
Podemos decir Alquimista, que en un mundo donde el hombre “vale” por lo que posee física y materialmente, en un mundo donde el afán del lucro está por encima de los lazos sentimentales, de poco vale el amor... y nos empujan a decir adiós cuando empieza a chiflar la panza...

Las despedidas son necesidades creadas que en ciertas condiciones de vida son más pesadas para los que menos tienen.
Se despide el laburante de su familia cada mañana. Se va con sus pesares. Se despide el estudiante que terminó una etapa. Se despiden los amantes, se despide el año que se acaba, se despiden los que migran, el que viaja buscando nuevos horizontes, se despiden cargando la mochila de la esperanza. Se despide al que muere y los lazos se van estrechando...

¿Cuándo será el día en que las despedidas no duelan tanto?
Será el día en que desterremos de nuestras vidas la causa mayor de nuestras desgracias. Ese día añorado, los lazos creados, los lazos que nos hermanan serán nuestra fuerza y las despedidas ya no serán una dolor nuestro sino la celebración de nuestra humanidad enlazada.

Échele al caldero Alquimista, una puerta abierta que espera el regreso. Recoja a espaldas del camino las huellas dejadas y échelas al caldero antes de que las devore el tiempo, échele un pañuelo agitándose al viento, una mano dibujando siluetas en el aire, échele un corazón apretado de congojas, una risa, un beso, una última mirada al paisaje que dejamos...

Ajuste el alambique Alquimista que allí destilaremos abrazos y saludos, para descubrir en la esencia de ese nudo que nos ata, que no existen las ausencias, ni las distancias cuando brotan raíces de los campos del alma.-

Tres, dos, uno... EN EL AIRE...!!!